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martes, 14 de abril de 2015

Presa ibérica con reducción de oporto al romero y sus flores


¿Alguna vez habéis oído eso de "eres tonto o comes flores"?

En mi niñez era un ataque verbal muy común entre la chavalada... Ahora, con la madurez, no solo recuerdo aquella frase con una sonrisa, sino que pierde todo su sentido porque... ¡yo como flores! (independientemente de mi dudosa capacidad mental)...

En este caso os presento una idea que a muchos os parecerá curiosa, pero tiene todo el sentido del mundo. Si tenéis la suerte de tener a mano una planta de romero, habréis observado que está en plena floración. La flor de romero no solo es comestible, sino que además es muy bonita y puede aportar mucha vistosidad a vuestros platos. Su sabor y aroma es muy sutil, mucho más que el de la hoja, no resulta amarga, y en un plato condimentado con romero, su presencia está más que justificada.

Os presento una idea de plato: un presa ibérica con reducción de oporto al romero y sus flores.

Tan sencillo como una reduccion de Oporto con una ramita de romero dentro, marcar nuestra carne a la plancha, espolvorear sal maldon, y decorar a vuestro gusto. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Picantón asado (y otros pequeños bichos alados)



¡Muy buenas, fogoneros!

Hoy, más que una receta, os traigo una técnica. Como observáis en la foto, estamos  ante un picantón asado. El plato bien podría ser una sola ración, ya que el bichillo en cuestión rondaba los 400-500 grs. Si a eso le restamos los huesos, tenemos una ración individual en toda regla. 

Coger el punto de las aves asadas de tamaño pequeño es un poco complicado: si queremos que el exterior quede dorado y crujiente, y solo utilizamos el horno, probablemente sobrecoceremos la carne. No hay nada peor que una pechuga de ave pasada, que requiera de un exceso de salsas o mahonesas para ser "tragable". 

Por otro lado, si queremos que la carne quede jugosa tendremos que renunciar a la piel dorada. En ese caso los comensales probablemente la retirarán, porque la textura gomosa de la piel de las aves poco hecha no resulta agradable para casi nadie.

En definitiva, lo que vengo a contaros hoy es la forma de asar estas aves pequeñas, consiguiendo el color dorado y la textura crujiente en la piel, pero sin secar la carne del animal. Esta técnica es la que usa el gran Martín Berasategui, y algo sabrá de esto el hombre. 

Esta técnica es válida para cualquier ave pequeña que vayáis a hornear: picantones, pintadas...  incluyendo pollos de tamaño pequeño. Hablamos siempre de aves de peso inferior al medio kilo. Mientras quepan en una sartén...  

En definitiva, lo que nos propone el chef vasco es muy sencillo:

Doraremos el ave en una sartén con aceite de la siguiente manera:
- Inicialmente, pasaremos el ave sobre uno de sus costados unos 5 minutos.
- Después, doraremos el otro costado otros 5.
- Luego, doraremos el pecho del animal (muslos hacia abajo), de nuevo 5 minutos.
- Por fin, la espalda (otros 5.)

Es muy importante que acabemos dorando la espalda, ya que de esta forma hemos sellado toda el ave, y en la fase final los jugos, por simple gravedad, irán a parar a las pechugas, que son la parte más seca y más necesaria de jugosidad. 

En este punto, con el ave ya dorada por todas sus caras y con un aspecto fenomenal (aunque no terminado), estará preparada para el asado. Podemos introducir en su interior hierbas aromáticas para darle ese puntillo personal, y pasar a la fase de horneado. También podéis regarlo con cualquier licor o embadurnarlo de ese adobo del que solo vosotros conocéis la receta.

Éste no debe exceder de 15-20 minutos según el tamaño del pájaro, y convenientemente comenzaremos asando el ave sobre su espalda, y a mitad de cocción voltearemos para acabar sobre su pecho.

En los últimos 10 minutos de cocción no regaremos con ningún líquido, con la finalidad de que la piel no se empape, y no cargarnos ese puntito crujiente.

El resultado, el que veis en la foto. Un dorado excepcional, uniforme, crujiente, y un interior jugoso y en su punto. 

Ah, en la foto lo que véis son unos tomates cherry con una mayonesa de jengibre y unos palitos de cebollino. Un adorno chorra que me inventé así  de correprisa.

Ponedlo en práctica y me contáis! 

Un abrazo, fogoneros!

viernes, 26 de diciembre de 2014

Carrilleras al vino tinto (con parmentier trufada de ajo asado y coulis de frambuesa)



Ay, la Navidad...   Época del año en la que más cocino, y por motivos laborales, en la que menos tiempo tengo para fotografiar y publicar...   Al final, entre comilonas y jornadas de trabajo maratonianas, hemos podido encontrar el hueco adecuado..

Hoy os traigo un plato que, por el aspecto, puede ser un plato principal muy navideño. Aunque son tres preparaciones, resultan tan sencillas que no creo que haya nadie que no se atreva. Además, se puede tener todo listo a falta de calentar y servir. De hecho, las carrilleras en su salsa cogerán más sabor cuanto más tiempo se tengan preparadas de antemano (sin pasarse, claro). 

Con esta receta, además, he vencido un poco el miedo a la olla a presión: lo de cocinar sin saber qué está pasando dentro de la cacerola nunca me ha gustado. ¿faltará líquido? ¿sobrará? Tras algunos sonados fracasos, en esta receta he conseguido estar muy satisfecho con el resultado.

Carrilleras:

- 6-8 carrilleras de cerdo ibérico (sustituibles por cerdo blanco)
- 2 zanahorias
- 1 cebolla morada (o blanca si no se tiene)
- 1/2 litro de vino tinto (de calidad aceptable)
- 1/2 litro de caldo de carne o jamón
- un par de pellizcos de sal
- Un poco de pimienta negra molida (o 5 bayas, mejor que mejor)
- Un poco de aceite de oliva virgen extra

Salpimentamos y doramos las carrilleras. Procuramos que queden bien selladas. Pochamos un poco la cebolla cortada en juliana, y la zanahoria en brunoise (a takitos, que dirían los orientales), junto con las carrilleras. Añadimos el caldo y el vino. Cerramos la olla a presión. Media hora. Fuego medio-bajo.

Trituramos la salsa resultante, quitando algo de caldo antes si vemos que va a quedar demasiado ligera, y reservamos las carrilleras reposando en esta salsa.

Parmentier:

Dos patatas hermosas cortadas en tacos, y hervidas con una cucharada de sal, dos dientes de ajo asado y unas ramas de tomillo fresco -sustituible por otra hierba aromática-. Pinchar con tenedor para verificar cocción. Unos 10 minutos. Apartamos las patatas y los ajos, trituramos con un poco de su agua y agregamos dos o tres cucharadas de un buen aceite y una ralladura de trufa, o podemos sustituir con un aceite aromatizado con trufa. Damos la consistencia de puré deseada con el agua de cocción. Aquí a vuestro gusto: más rústico (a base de tenedor) o más fino (elaborado con la batidora)

El ajo asado lo suelo tener conservado en aceite en la nevera. El truco está en asar una cabeza de vez en cuando, aprovechando la elaboración de cualquier otro asado. Se hornea a la vez y se retira a los 40-45 minutos. 
Lo bueno del ajo asado, además de su característico sabor, es que no repite como ocurre con el crudo. Es muy suave, y se puede utilizar de mil formas: una ajonesa muy sutil, una vinagreta... 

Coulis de frambuesa:

100 grs. de frambuesas, trituradas con un poco de agua. Colamos para retirar pepitas. Para los más golosos, que gustan de contrastes fuertes dulce-salado en los guisos, podemos agregar un poco de azúcar a la coulis.

Y ya está. No tiene más misterio. La presentación, como se ve en la foto: base de parmentier, tacos de carrillera, salsear, y en un ladito el coulis. Adornamos a nuestra manera, y listo!!!   

Al lío, fogoneros!!!

sábado, 6 de septiembre de 2014

Patatas revolconas (Fe-choricerías part 1)



Ligerito el plato, ¿eh? A ver, que me gusta la alta cocina (lo sabéis de sobra) pero que venga ahora Ferrán Adriá y me esferifique unos chorizos...   

Cuando escucho la palabra "chorizo" se me vienen a la mente caras de políticos sobre todo, pero platos tradicionales y contundentes también. No pienso ni por un momento en alta cocina, aunque todo llegará. 

Y el plato que os traigo hoy tiene arraigo, es sencillo, humilde, a la vez nutritivo, y no niego que hipercalórico. Es el típico plato "de pastor", sencillo de hacer, con pocos ingredientes, y sabrosísimo. 

Y todo esto porque voy a poneros una serie de recetas a las que he titulado "fe-choricerías" porque son pequeñas trastadas elaboradas con chorizos, basadas en platos tradicionales y tuneadas como a mí me da la real gana...  He intentado huír de los platos de invierno, en los que el chorizo tiene una presencia casi fundamental, y centrarme en cosas tipo "tapa", así para compartir, que no calienten el cuerpo demasiado (que eso falta con estos calores)...  

Pero ¿por qué? os preguntaréis...   Pues sencillo...  Porque como siempre, desde Cuenca, mis maravillosos progenitores me han enviado un cargamento de chorizos de Valverde del Júcar, tal que estos:


Y hay que darles salida culinaria... Para comenzar, la temperatura en Valencia no está como para secar chorizos, y por otro lado porque me encantan.  Lo cierto es que me quedan poquísimos, pero alguna cosa interesante hemos hecho ya con ellos (aparte del típico bocata de chorizo, estandarte gastronómico de fama mundial). 

Vamos con las patatas revolconas. Sin fotos, porque es sencillo a más no poder...

Ingredientes:

- Dos patatas grandes
- Dos chorizos
- 6-7 lonchas de bacon o panceta (al gusto)
- Una cucharada de pimentón
- Un chorrito de aceite de oliva
- Sal

Eso es todo. Complicado, ¿no?

Comenzamos por una parte cociendo las patatas. Trozos grandes, 20 minutos más o menos, ningún misterio. Las pincháis para saber si ya están cocidas y listo. 

Por otro lado, en una sartén con un poco de aceite doramos bien los chorizos cortados en dados y el bacon o la panceta. Cuando estén hechos (el bacon crujiente) los apartamos. En este plato la gracia está en que la panceta o el bacon estén crujientes. Retiramos la panceta/bacon y el chorizo y en ese aceite doramos un pelín el pimentón. Muy poco tiempo. Agregamos una cucharadita de sal.

Aplastamos las patatas con un tenedor, y le vamos incorporando el "mejunje naranja" que ha dejado el chorizo y la panceta o bacon. Esto hará que nuestro "puré de patatas rústico" coja un tono anaranjado precioso. 

Servimos el puré y espolvoreamos por encima el chorizo y el bacon. 

Y lo que agradece el michelín este tipo de platos...

Abrazos, fogoneros!

domingo, 10 de agosto de 2014

Costillas a la miel



Una receta dominguera total. La técnica utilizada es el laqueado, mediante el cuál vamos pintando la pieza cada 10 minutos mientras se va asando.

La receta no puede ser más sencilla: 

- Un costillar de cerdo
- 50 ml de miel
- 50 ml de salsa de soja
- 50 ml de salsa perrins

Calentamos bien la miel para que sea fácil de disolver con el resto de líquidos. Los mezclamos uniformemente y ya tenemos la "pintura" para laquear. 

Horno precalentado a 180 grados, ponemos nuestras piezas en la bandeja boca abajo, pintamos bien y comenzamos el asado. Lo dicho, cada 10 minutos, abrimos el horno y a pintar. Muchísimo cuidado con esta operación. Mejor sacar la bandeja del horno que no hacer peripecias para pintar sin extraerla y con riesgo de quemarnos. 

A la media hora, tras tres capas de "pintura" damos la vuelta a las piezas y dejamos la parte "bonita" hacia  arriba. 

Continuamos el proceso. El tiempo total de horneado será de 80-90 minutos si deseáis el aspecto de la foto.  En la parte final del asado, utilicé un rato el gratinador. 

Facilísimo, no?  

Ya tardáis en precalentar el horno!!!

martes, 28 de enero de 2014

Riñones al Jerez



¿No os ha pasado nunca que veis algo en una tienda y sentís la imperiosa necesidad de comprarlo? Supongo que sí, es lo más humano del mundo. 

¿Y si os ocurre eso mismo ante la visión de la siguiente imagen?


En ese caso, amigos, esta receta es una de vuestras favoritas. Eso, seguro. Cuando ves unos riñoncillos de cordero de esa calidad, no puedes evitar que te venga a la mente esta maravillosa preparación. 

Como podéis observar en la primera imagen, mi receta no tiene el color que suele ser habitual en esta preparación, por dos motivos: 

- Ausencia de cebolla. La podemos picar muy finita, pocharla bien, y ésto le dará un extra de colorido.
- Ausencia de pimentón.

Dada la baja calidad de las cebollas que tenía, y que tampoco tenía el pimentón que se merecía este plato, y la increíble factura  de estos riñones, hice la receta como os detallo a continuación. Desde luego, no eché en falta ningún ingrediente.


Para 2 personas:

- 8 riñones de cordero
- 1 vaso de jerez
- 1 vaso de agua
- 1 cucharadita de harina
- 3-4 dientes de ajo
- 15-20 almendras crudas
- un puñado de perejil
- una cucharadita de azúcar 
- un par de lonchas de jamón
- Aceite de oliva
- Sal

Comenzamos con la "higiene" del cordero. Para trabajar la casquería hay que poner especial cuidado en la limpieza de las piezas a cocinar. En el caso de los riñones, más si cabe. Esta receta queda fenomenal también con riñones de cerdo, pero en ese caso hay que ser todavía más aseado. 


La limpieza de los riñones. 

Como decía antes, parte muy importante de esta receta. 

Comenzaremos con un baño de una hora u hora y media con agua (tres partes) y vinagre (una parte). Tendremos nuestros riñones en remojo para que suelten los restos de sangre que puedan tener, además de otras impurezas. 

Ahora vamos a hacerlos "sudar". Con ello soltarán malos sabores y olores (y ciertos restos que no nos interesan). 


Para esto, ponemos dos o tres dedos de agua en una cacerola y la llevamos a ebullición. Colocamos encima un colador plano, o un antisalpicaduras, y ponemos los riñones encima con la finalidad de que, por efecto del vapor, "suden" las impurezas. Los dejamos unos 10 minutos sudando. Cuando pase ese tiempo, observaremos una espuma marrón sobre el agua. Buena señal. 

Ahora lavaremos nuestros riñones en agua fría, y los trocearemos, retirando el tubito blanco que nos encontramos en medio del riñón (correspondería al "uréter"). No es malo, pero resulta algo duro a la mordida, en comparación con la ternura del resto de riñón.

Los trozos, más o menos de dos centímetros. Los salpimentamos y los reservamos. 


Preparación.

Comenzaremos con un majado tradicional con las almendras, los ajos y el perejil, dejándolo preparado para el final. Lo ideal es hacerlo en mortero (no se sabe por qué ciencia infusa, como que tiene otro sabor) pero si os encontráis perretes/as, podéis triturarlo con vuestro robot de cocina habitual. 



Salteamos nuestros riñones. Cuando empiecen a estar dorados por fuera y en el interior ya no se vean partes rosadas, añadiremos la cucharada de harina y la rehogaremos un poco. 



Sin permitir que se queme, añadiremos el agua y mezclaremos todo bien.



Cuando el agua entre en ebullición, añadiremos el vaso de jerez. 



A continuación, la cucharadita de azúcar para compensar la acidez del vino, y en seguida nuestro majado. Removemos, corregimos de sal y dejamos reducir unos minutos, hasta que la salsa tenga la textura que nos guste. Por último, añadimos el jamón en pequeños taquitos, no permitiendo que se hagan demasiado, para que no suden demasiada sal y nos descompensen la salsa. 

Y a la mesa!

Como variantes, pocharíamos una buena cebolla, chalota, cebolleta...  hasta dorarla bien, antes de los riñones. Como también os comentaba, justo antes de mojar con el agua, un poco de pimentón de La Vera o un buen murciano.  Eso le daría el típico color que estamos acostumbrados a ver en este plato. 

A mi me ha gustado el resultado con mi receta, porque en este caso el producto era de primera: los riñones eran excepcionales, sutiles, tiernos... y no necesitaban de demasiado acompañamiento. 

Y ahora, un buen trozo de pan, y ¡¡¡a mojar como si el mundo se acabase mañana!!!   




viernes, 20 de diciembre de 2013

Secreto ibérico al romero



Y continuamos jugando con los geles, las espumas y los rollos moleculares. En este caso, hemos hecho un secreto ibérico a la plancha, sobre una gelatina de romero. Hemos rematado la jugada con un aire de romero. 

Para ser mi primer aire, he quedado muy satisfecho, tanto por estética como por aroma y sabor. La textura es un tanto especial, porque da la impresión de que estás dándote un baño de espuma y se te mete en la boca... A diferencia del amargor que deja el jabón, aquí nos queda en boca un aromilla de romero impresionante. 

Respecto al gel que hemos puesto de base...  Bueno...  Pasable. Además lo he tenido que colorear artificialmente para que fuese verde. 

Os cuento cómo funciona esto. 


Hemos preparado una infusión de romero: dos ramas en un cuarto de litro de agua, y media cucharadita de sal. 

Luego, hemos separado esta infusión en dos: 100 grs. por un lado, con media cucharadita de agar-agar (y en mi caso, con un poco de colorante verde). Lo llevamos a ebullición y lo dejamos reposar. Cuando notamos que está empezando a espesar, pintamos una línea en cada plato con una brocha.

Ahora haremos la espuma. Necesitaremos un cacharro de paredes altas. En la infusión tibia, disolvemos media cucharadita de lecitina de soja con ayuda de una batidora. Vamos subiendo y bajando el brazo de la batidora para que entre aire y se vaya formando espuma. 

Hecho esto, asaremos a la plancha el secreto ibérico. No lo salamos de antemano, pero sí le espolvorearemos pimienta. 

Le damos el punto adecuado y lo salamos. Lo cortamos en tiras alargadas y emplatamos. 

La espuma se deja caer suavemente en el plato, y se le da forma con el reverso de una cuchara. Se puede espolvorear con pimienta.  Se adorna la carne con unas hojas de romero frescas. 

Listo!



miércoles, 16 de octubre de 2013

Salteado de cordero y verduras con arroz bashmati



Un platillo de fusión arabe--india-japonesa...  (o algo así)...  En definitiva, porque he usado jengibre, salsa de soja, cúrcuma, curry...  llamadlo como queráis, pero está de vicio...

El nombre o la procedencia es lo de menos. Lo de más es que estamos ante un plato completo, riquísimo, y de una dificultad moderada (hoy no diré sencillísimo). 

Vamos a por los ingredientes: 

Para dos personas 


- Medio pimiento rojo
- Medio pimiento verde (del mismo calibre)
- Una cebolla tierna
- 150 gramos de cordero (en taquitos)
- Dos tazas de café de arroz bashmati
- 50 gramos de jengibre fresco
- 5 cl. de salsa de soja (preferiblemente baja en sal)
- Aove
- cúrcuma
- curry
- sal
- cebollino (para adornar)

Comenzamos. 


De momento, a fuego medio-bajo rehogamos el pimiento verde, cortado en julianana. A los cinco minutillos, agregamos la cebolla tierna. 



Luego, incorporamos el pimiento rojo (rallado o cortado muy fino) y el cordero. 


Ahora es buen momento para comenzar con el arroz. En un litro de agua, y con una cucharadita de sal y otra de cúrcuma, cocemos nuestro arroz unos 10 minutos. 


La gracia de este plato es acabar ambas preparaciones más o menos a la vez, para emplatar en condiciones. 

Seguimos con el salteado. Ahora agregamos media cucharadita de curry, disuelto en un poco de agua, de forma que tengamos una pasta ligera. Añadimos también el jengibre bien pelado y rallado. 


Y por último, para darle color y salinidad, agregamos la salsa de soja. Ojo a las cantidades. Más vale quedarse corto y luego añadir (esa posibilidad siempre nos queda).

 

Emplatamos formando unos timbales de arroz bashmati, un buen par de cucharadas de salteado, y adornamos con cebollino bien picado. 

Lujo asiático, nunca mejor dicho!!! 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Pollo frito estilo Kentucky


Esta preparación es de las que triunfan, porque es un "remake" de la receta de una conocida cadena de restaurantes. Es de esas cosas que pruebas, te gustan y desearías elaborar en casa, con las ventajas de trabajar con productos frescos, que manejas tú mismo con todas las garantías de calidad, y además, ahorrando unos eurillos. 

Por otra parte tiene un sabor diferente, con toques asiáticos muy elegantes, y un punto picante delicioso. 

Así que vamos a elaborar este pollo frito, que a su vez es un plagio de la receta de David de Jorge (Robin Food) reinterpretada en No me toques los fogones!

Necesitaremos:

Para el adobo:

- Una cucharada sopera de pimentón dulce
- Media cucharada de pimentón picante
- Media cucharada de cúrcuma
- Una cucharada de jengibre molido
- Media cucharada de orégano
- Media cucharada de tomillo
- Media cucharada de curry
- 60 / 70 gramos de harina
- Leche fría para espesar la mezcla

Para el empanado:

- 100 grs. de harina
- 100 grs. de pan rallado grueso (extracrujiente)

- 400 grs. de piezas de pollo deshuesadas 

- Pimienta y sal


Mezclamos todas las especias y las hierbas y añadimos harina en la misma proporción (he calculado 60-70 gramos, pero podéis hacerlo a ojo. Una vez mezclado el aspecto es de una especie de arena, tal como veis en la siguiente foto:


Reservamos un par de cucharadas de la mezcla arenosa para empanar al final. 
Vamos incorporando leche fría y batiendo hasta que tengamos una pasta de una textura tipo "papilla". 


Metemos nuestras piezas de pollo, salpimentadas, dentro de esa pasta bien cubiertas, tapamos con un film transparente, y dejamos reposar 5-6 horas en el frigorífico. 

Yo he utilizado estos contramuslos, que he tenido que deshuesar. Unos muslos deshuesados también nos servirían, pero incluso la pechuga queda muy tierna en esta preparación. Lo único importante es que las piezas estén deshuesadas, para un goce máximo... 


Ahora solo queda sacar nuestras piezas de pollo de la nevera, sacarlas del "lodazal" en el que las tenemos, y pasarlas por esta mezcla de pan rallado grueso y la mezcla arenosa del principio, añadiendo un poco más de harina. Al final, 50% de pan rallado y 50% de harina.


Freímos en abundante aceite a fuego medio-bajo, de forma que no se nos dore demasiado el pan rallado antes de lo conveniente. 

Escurrimos en papel de cocina el aceite sobrante, y emplatamos con las salsas que nos apetezca. Yo recomiendo algo suave, para apreciar los aromas de nuestro empanado.

Y ya tenemos nuestro pollo frito estilo Kentucky, capaz de competir con alguna que otra cadena de "fast food"...   

¡¡¡Abrazos, fogoneros!!!





lunes, 19 de agosto de 2013

Caldereta de ternera





El otro día, ante unas cervezas, mi amigo Álex me dijo que quería aprender alguna receta de estofado de carne... Al momento pensé en que hacía bastante que no preparaba esta receta. Por ello, hoy se la vamos a dedicar a Álex. 

Esta preparación tiene un significado muy especial para mi. Me recuerda a la infancia, al verano en el pueblo de mi padre, Olmeda del Rey (Cuenca), en el que, tras matar las vaquillas que amenizaban las fiestas patronales, se celebraba una comilona a base de caldereta. En una explanada, la gente ser repartía en grupos, familias, peñas...  y con su fuego de leña y su caldero preparaban esta receta, cada uno con su receta particular, y sin embargo con bastante cohesión. 

El recuerdo que me queda es el de sabores intensos, potentes...  pero también el de una carne bastante dura. Es lógico, dado el tiempo de cocción que se empleaba. Yo no perdía ojo a las diferentes preparaciones (podían estar en funcionamiento 11 o 12 calderos a la vez), y memorizaba los pasos a seguir, mientras me sorprendía con los olores y sabores.  

A lo largo del tiempo he ido perfeccionando la receta. Hoy, me apetece compartirlo con vosotros, y por supuesto con Álex. 


Necesitaremos (para 2 personas):

- 250 grs. de carne de ternera cortada en dados
- 1/2 pimiento rojo
- 1 pimiento verde (si es de los "italianos") o 1/2 si es del mismo calibre que el rojo
- 2-3 dientes de ajo
- 1 cebolla
- 1/2 litro de vino blanco
- Pimenta
- 1 cucharada de azúcar
- Sal
- Aceite de oliva virgen extra
- 1 litro de agua


Lo primero que haremos será marcar nuestra carne. En nuestra cazuela, con aceite bien caliente, sofreiremos la carne (con pimienta pero sin sal). El no salarla impedirá que pierda sus jugos. Una vez dorada, la retiraremos.



En ese mismo aceite pocharemos las verduras salpimentadas: nuestra cebolla y pimientos cortados en daditos pequeños, junto con los dientes de ajo enteros.


En este momento, a mí me gusta retirar los dientes de ajo, de forma que nadie los encuentre al final, totalmente estofados. Cuestión de gustos. 


Incorporamos de nuevo la carne y acabamos de rehogar todo el conjunto. Añadimos el vino blanco y el agua, junto con la cucharadita de azúcar. Lo llevamos a una ebullición fuerte, y lo bajamos hasta el mínimo. 


Vamos a dejarlo cociendo un mínimo de 2 horas. Si el fuego es suficientemente bajo, nos bastará con el litro y medio de líquido incorporado. 


Cuando nos quede más o menos 1 o 2 dedos de líquido, subiremos el fuego, y acabaremos de reducir hasta que quede una salsa espesilla. Lo lograremos si removemos a menudo, pues haremos que la verdura se deshaga un poco, y la carne se empiece a deshacer en hebras... 

Y el resultado, como siempre, en la primera foto. 

Recomendación: que no falte el pan. La salsa es casi adictiva...   A mojar!!!


lunes, 5 de agosto de 2013

Presa ibérica III: el desenlace: Tosta de presa con patatas, trufa negra y Arzúa.




Y con esta preparación tan sencillita, se acaba la presa ibérica (de momento). Probablemente, el vacío cárnico lo ocupe una saga sobre el secreto ibérico, o vaya usted a saber... El cochino ibérico es tan aprovechable y cocinable...   

Disculpad por las fotos: la cámara se me ha revelado hoy, y no sé qué demonios he tocado que no he conseguido algo decente. 

Aquí tenéis a los solistas de hoy:

- Un filete de presa ibérica
- 1 o 2 lonchas de queso Arzúa-Ulloa
- Patatas cortadas a lo pobre
- Una loncha hermosota de buen pan

Como artistas invitados:
- Trufa negra rallada
- Aceite de oliva virgen extra
- sal



La preparación es sencillísima:

Freímos nuestras patatas a lo pobre. 
Pasamos por la sartén (sin aceite) nuestro filete de presa. Ya sabéis, respetando el producto. Sartén muy fuerte de fuego, vuelta y vuelta. 

Precalentamos el horno a 200 grados. 


Regamos nuestra rebanada de pan con un chorrito de aceite crudo. Disponemos las patatas a lo pobre, y rallamos la trufa negra por encima. Disponemos el secreto ibérico encima y coronamos con las lonchas de queso Arzúa. 

Gratinamos en el horno hasta que el Arzúa funda bien. Y sanseacabó. No he querido poner nada encima del queso Arzúa para que lo vieseis en todo su esplendor. La forma en la que funde es maravillosa. Y rápida, así que ojo. Si queréis coronarlo, otro pelín de trufa negra, o lo que se os ocurra. Eso sí, algo delicado y no demasiado salado. 

¿Cómo lo remataríais vosotros?

jueves, 1 de agosto de 2013

Presa ibérica II: Tagliatelle con presa ibérica con airecillos orientales




Y esta va dedicada a mi amiga Xusa. Una mujer muy interesante, una mujer de mundo (en el buen sentido). Lo cierto es que estoy empezando a conocerla, pero es una persona apasionante... Está muy rodada (también en el buen sentido) y en breve se va a India. Y no es una novata en el asunto, que ya es el quinto viaje que hace a aquellas tierras!  Y entre charla y charla, sale el curry a relucir (cómo no)...   Así que esta receta-fusión de lo nuestro y de lo de aquellas tierras va al 100% dedicado a ella...   Siempre con la condición de que, a su vuelta, tenga que lavar la ropa dos o tres veces porque el curry que se ha traído en la maleta lo ha impregnado absolutamente todo...    

Vamos al turrón.



Las "All Stars" de este plato, la presa ibérica, la cebolla y la pasta. 

Necesitaremos (para 1 y nada más...  como siempre, creced y multiplicaos...):

- 1 filete de presa ibérica
- 1 cebollita pequella
- 3 nidos de tagliatelle
- 1 cucharada sopera de curry amarillo (el común, el que encontramos en cualquier supermercado, sección      botecillos de especias)
- Aceite de oliva
- Salsa de soja
- Sal


Lo primero, ponemos el agua a calentar, para nuestra pasta. Seremos moderados con la sal, y ahora veremos por qué. 

En una sartén pequeñita trabajamos nuestro curry con un poco de aceite de oliva. Al contrario de los pimentones, que se queman enseguida, al curry es conveniente "despertarlo", esto es, lo sofreiremos un poco... lo tostaremos para que saque todos sus aromas ocultos, que si de por sí son potentes, en crudo no tienen todos los matices que tiene cuando se sofríe un poco. 
Cuando veamos que ha cambiado de color hacia el marrón clarito, lo echaremos en el agua (que ya debe estar hirviendo).

¿Veis que el color del agua es lo que es? Pues huele como huele...  a gloria!!!!


Ahora, pocharemos nuestra cebolla finísimamente cortada (yo la rallo, directamente), y cuando esté doradita (enseguida) añadiremos un vasito pequeño de brandy y un chorrito de salsa de soja (que no es muy india, pero le va de perlas). Reduciremos. Cuando tenga la pinta que veis en la foto, lo trituraremos y haremos un puré ligerito. Eso nos servirá para verter un chorrito en la preparación final. Ojo, que está salado de narices, así que sed cautos...  Y probad, siempre probad...   



Partimos el filete de presa ibérica en tiritas finas...  de menos de un cm. de grosor...  Vaya, que no destaques mucho frente al tagliatelle...


Lo pasaremos por una sartén muy muy caliente, sin aceite (sus propios jugos son suficientes) apenas unos 20-30 segundos, dando vueltas constantes para que doren uniformemente. Retiramos.




Ya tenemos la pasta cocida. El aroma a curry impregna la cocina (y lo hará los dos días siguientes). Maravilloso. Tiene un color amarillo precioso. Emplatamos.

Ponemos la base de tagliatelle, las tiras de presa por encima, y el remate de puré de cebolla decorando. Os recomiendo comerlo mezclándolo todo, dada la potencia del puré de cebolla.

Ahí queda esta fusión ibero-indo-japonesa.

Os aseguro que os sorprenderá, y sorprenderéis.

miércoles, 31 de julio de 2013

Presa ibérica I: Presa a la plancha con patatas y pimientos


¿3 estrellas Michelín?


¿O racionaca tamaño King Size?

Al final me cené el primer y el segundo plato...

Y aquí os presento a las "vedettes" de esta preparación:


Unos pimientos italianos preciosos. Su aroma, increíble.
Un queso manchego de oveja rallado. Exageradamente bueno.
Un filete de presa ibérica de una calidad impecable.

Hablemos un poco de la presa ibérica. Es un bocado excepcional, debido a la infiltración de grasa en su carne. Vendría a ser como el "hombro" del cerdo. Se sitúa entre la paleta y el cabecero del lomo. Dada la movilidad de ese punto del cerdo, se produce esa elasticidad de la carne, y esa maravillosa infiltración de grasa.  Esta sería la parte opuesta al "secreto", que sería la "axila" del cochino. De esta pieza (igual de maravillosa) también hablaremos en breve. La diferencia entre ambas es visible: la forma de infiltrarse de la grasa. En el "secreto" es más lineal (se ven las vetas de grasa como líneas) mientras que en la presa está más difuminada. Ambas piezas han tardado mucho en darse a conocer, debido a la "gula" de los carniceros. Han sido cortes que, históricamente, el carnicero se ha reservado para su propio consumo. Lógico y normal. Ahora, con la pérdida de ese tradicionalismo en las artes de la carnicería, en favor de la industrialización, los ajenos a ese sector podemos acceder a estas piezas de forma relativamente fácil. Eso sí: en un supermercado normal encontraremos presa y secreto de cerdo...  En un supermercado o carnicería más "premium" podremos adquirir el de ibérico. La diferencia es notable. 

En definitiva, el truco para trabajar estas carnes es sencillo: En la sartén, no necesitan más aceite que el suyo propio. No las ahoguemos. Por otra parte, son tiernas de por sí. Las cocciones largas las endurecen y les hacen perder su magia. 

Por ello, yo huyo de los estofados y las calderetas con estas carnes. Son más de vuelta y vuelta. Y a gozar. 

Esta primera preparación (de las 3 que os ofreceré) es la que más respeta el filete de "presa", tal cuál lo llevamos a casa. 

Ingredientes (para mí solito, así que multiplicad por los comensales):

- 1 filete de presa ibérica
- 1 patata grande
- 1 pimiento italiano
- Queso rallado 
- 1 rama de perejil
- Aove
- Sal
- Pimienta

La explicación es sencilla:  
La patata, pelada, al horno durante 40 minutos. Las rodajas, de 6-7 milímetros.  pasado este tiempo, gratinamos con el queso rallado y un poco de perejil. 



Los pimientos, fritos en Aove...   sin más...

La presa ibérica...  salpimentada y dos minutos (como mucho) por cada cara.

Y no hemos necesitado ningún tipo de salsa, porque TODO es jugoso, y no me apetecía disfrazar nada.

Ahora, elegid el plato 1 o el plato 2...   en mi caso era plato único y me jalé ambos...

¡¡¡Buen provecho!!!

¿Qué plato os quedaríais vosotros?